La cooperativa de la era moderna

Evaluando los pasos a seguir en su carrera, Brad Neuberg, un joven programador de San Francisco se enfrentó con una disyuntiva de estos tiempos. “Un empleo fijo me da cierta estructura y pertenencia a un grupo, pero trabajando en forma freelance tengo libertad de horarios e independencia….en fin ¿por qué no puedo tener las dos cosas a la vez?” Como todos los que encuentran nuevas soluciones a problemas viejos, Neuberg decidió actuar: inventó la palabra coworking (sin guión medio) y alquiló un espacio reducido dentro del edificio de una corporación. Así dio comienzo a una tendencia que hoy se expande por todo el mundo. El coworking ha evolucionado desde aquella visión de Neuberg. Hoy distintos lugares alrededor del mundo ofrecen estas prestaciones, creando una comunidad de personas con trabajos diversos y deseosos de compartir ideas.

Los coworkers, armados con laptops, Wi-Fi y celulares, son una suerte de giro tecnológico a la vieja práctica de los artistas que se juntaban para alquilar un estudio más grande, o los escritores que se juntaban para trabajar en equipo. La mayoría de los coworkers dicen que ocupan esos espacios por las mismas razones que inspiraron al joven Neuberg: les gusta trabajar en forma independiente, pero son poco efectivos sentados solos en sus casas. El coworking puede verse como una versión más comunitaria de los negocios corporativos de la transnacional Regus, líder en el alquiler de oficinas temporarias en todo el mundo.

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Los lugares de coworking vienen en varios sabores: Hat Factory de San Francisco es un loft de estilo relajado parecido a una casa. Allí desarrollan sus actividades tres trabajadores tecnológicos que, durante el día, comparten el espacio con otros trabajadores. Citizen Agency en cambio, una consultora de Internet que ha hecho mucho por evangelizar el coworking, tiene una politica de puertas abiertas: alquilan sus escritorios, pero también permiten que los visitantes ocasionales usen sin cargo el servicio de Wi-Fi o la sala de conferencias. Tara Hunt, una de las dueñas de Citizen Agency enumeró (en su blog, por supuesto) algunos de los principios del Coworking: colaboración, apertura, comunidad, sustentabilidad y accesibilidad.

Sin embargo, a pesar de los ideales, a veces los acuerdos de coworking no siempre se desarrollan armónicamente. Thor Muller, ejecutivo de Get Satisfaction, dice que abrió las puertas de sus oficinas para que algunos de sus amigos freelance también pudieran ir y trabajar. Pero un día, uno de ellos comenzó agresivamente a reclutar empleados para llevarlos hacia su propio emprendimiento. Fue expulsado inmediatamente del lugar: “debería existir cierta cláusula de honor para que esto no suceda entre aquellos que estamos arrancando con proyectos nuevos” dice Muller, todavía un poco dolido.
Tara Hunt y Chris Messina, sus compañeros en Citizen Agency, dijeron que han tenido que asegurarse de que las personas respetaran su espacio y lo mantuvieran limpio. “Hubo quien quiso venir con su perro y tuvimos que decirle que no es así” dijo Hunt.

Dicen que no obtienen beneficios sobre el espacio. “Podríamos tener una oficina exclusiva por el mismo dinero”, dijo Messina. “O podemos estar aquí, y tener un espacio en donde la gente viene a trabajar, donde se producen estos encuentros  y tenemos la oportunidad de conocer a toda esta gente fascinante.”

Quizás la idea del coworking reconozca sus raíces en el movimiento de software open-source, en el que se comparte libremente el código de un desarrollo de software y sus mejoras posteriores. Siguiendo los vientos de ese movimiento, la gente involucrada en el coworking comparte sus ideas y experiencias en varios sitios y blogs, como coworking.pbwiki.com

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De Dan Fost para el Internacional Herald Tribune (ver nota original en inglés)

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